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Capítulo III: Una familia macondiana

Era una familia numerosa, más bien de corte matriarcal: Dora. Lucho, Laura, Pedrito, Jorge, los cuatro tíos de Mario, fueron los hijos de esa mujer que alcanzaría longevidad secular. En un artículo, dedicado a su abuela por su ciento cumpleaños, cuenta el propio autor:

Nació en Tacna, el 16 de julio de 1881, y sigue en pie, lúcida y animosa, a pesar de los inevitables achaques que le ha infligido el tiempo: algo de sordera y una hernia que le entorpece el andar. Ha cumplido cien años con una memoria en la que se hallan perfectamente todos sus hijos, nietos, bisnietos y el primer tataranieto. Se llama Carmen Ureta de Llosa y yo soy una de las ramitas -el nieto mayor- de ese árbol frondoso del que ella es el tronco.

Bustamante y Rivero

Bustamante y Rivero

El abuelo, don Pedro Llosa Bustamante, era un verdadero caballero de la época romántica que le tocó vivir: amante de las letras, ávido lector de periódicos y conocedor de la política peruana, escribía versos festivos que declamaba en las reuniones familiares y poseía una pequeña biblioteca con plaquetas de poesía de amigos poetas y libros de viajes. Estaba muy orgulloso de su padre, quien también había sido un hidalgo arequipeño del Siglo XIX. Era don Pedro hijo de Belisario Llosa Rivera, escritor arequipeño y autor de una novela publicada en 1866, <em><strong>Sor María</strong></em>. que ganó un concurso literario patrocinado por el Ateneo de Lima. Augusto Tamayo Vargas escribe de <em>Sor María</em> que obtuvo una mención honrosa en un concurso literario nacional cuyo premio correspondió a la novelista, Mercedes Cabello de Carbonera, por <em><strong>Sacrificio y Recompensa</strong></em>. Pero los datos del crítico peruano sufren de un desfase de 20 años. Pues, sólo en 1886, la novela de la escritora peruana recibirá el premio del Ateneo. <strong><em>Sacrificio y Recompensa</em></strong> compartió honores con Juan de Arona, ganador del premio de poesía, y Luis Márquez, ganador del de teatro). De “Sor María” al menos en las historias de la Literatura Peruana no se conoce más que el título y las noticias que su famoso descendiente da en sus entrevistas y autobiografía.

Lo significativo, en realidad, es el contexto y tradición cultural en el cual viven los Llosa. El ADN constitutivo de la rama familiar materna, por así decirlo. Otra constante familiar es su participación en la vida pública del país. Así, un parentesco cercano con hombres políticos, que habían participado en momentos cruciales de la historia peruana: magistrados y juristas arequipeños del siglo pasado como Manuel Toribio Ureta – quien participó a la primera asamblea constituyente que puso fin a la esclavitud-  y José Luis Bustamante y Rivero (Dibujo: Wikipedia) hacía albergar esperanzas más o menos legitimas, de que el niño de apenas algunas horas de nacido llegara a ser algún día diplomático, senador o candidato a la presidencia de la república.

El salón de la casona de Boulevard Parra se ha oscurecido y mi anfitriona guarda un silencio elocuente que señala el final de nuestra entrevista. Por ser una familia numerosa y porque, siendo -en palabras de la Señora Binelli- “gente decente”, el único que trabajaba era don Pedro, después se mudaron a Vallecito, a las afueras de Arequipa. Pagar el alquiler se le hacía pesado a don Pedro y además estaba buscando otro trabajo. Me termina de explicar la Sra. Binelli, mientras me acompaña a la puerta.

(Continuará)

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Mario Vargas Llosa: Las Familias del Autor

A través de la lectura de la obra de Vargas Llosa se puede constatar cierta impudicia del autor para con su vida privada. Conocemos los nombres de sus abuelos, de sus tíos y de muchos de sus parientes y amigos, no por la diligente labor de algún biógrafo o periodista indiscreto, sino por el uso constante que el propio escritor ha hecho de ellos para escribir anécdotas introductorias a artículos, conferencias y obras de teatro, llegando al climax del exhibicionismo en La tía Julia y el escribidor. Se podría, pues, afirmar que la familia, la vida privada -o, por lo menos, hablar o escribir sobre ella- en la obra de Vargas Llosa es un topos estilístico, un estilema; del mismo modo que en Borges encontramos que muchos de sus artículos inician con referencias a libros o a vidas de autores clásicos.

Aunque otros grupos contribuyen a las tradiciones espirituales, al mantenimiento de los ritos y de las costumbres, a la conservación de las técnicas y del patrimonio, no obstante, la familia -afirma Lacan- predomina en la educación inicial: la represión de los instintos, la adquisición de la lengua que justificadamente se designa como materna. De este modo, se observa que la familia gobierna los procesos fundamentales del desarrollo psíquico, la organización de las emociones de acuerdo con tipos condicionados por el ambiente que constituye la base de los sentimientos; y en un marco más amplio, transmite estructuras de conducta y de representación cuyo desempeño desborda los límites de la conciencia.

Más interesante todavía es una observación de Lacan que compete directamente a la estructura familiar de Vargas Llosa: “Otra semejanza, absolutamente contingente, se observa en el hecho de que los miembros normales de la familia, tal como se la observa en la actualidad en Occidente, el padre, la madre y los hijos, son los mismos que los de la familia biológica”.

Esta observación compete en tanto que para la familia Llosa Maldonado a mediados de la década de los treinta esta semejanza no se cumple: el hogar donde nace el futuro escritor muestra alguna diferencias, que el biógrafo debe constatar.

(Continuará)

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