Mario Vargas Llosa: Las Familias del Autor

A través de la lectura de la obra de Vargas Llosa se puede constatar cierta impudicia del autor para con su vida privada. Conocemos los nombres de sus abuelos, de sus tíos y de muchos de sus parientes y amigos, no por la diligente labor de algún biógrafo o periodista indiscreto, sino por el uso constante que el propio escritor ha hecho de ellos para escribir anécdotas introductorias a artículos, conferencias y obras de teatro, llegando al climax del exhibicionismo en La tía Julia y el escribidor. Se podría, pues, afirmar que la familia, la vida privada -o, por lo menos, hablar o escribir sobre ella- en la obra de Vargas Llosa es un topos estilístico, un estilema; del mismo modo que en Borges encontramos que muchos de sus artículos inician con referencias a libros o a vidas de autores clásicos.

Aunque otros grupos contribuyen a las tradiciones espirituales, al mantenimiento de los ritos y de las costumbres, a la conservación de las técnicas y del patrimonio, no obstante, la familia -afirma Lacan- predomina en la educación inicial: la represión de los instintos, la adquisición de la lengua que justificadamente se designa como materna. De este modo, se observa que la familia gobierna los procesos fundamentales del desarrollo psíquico, la organización de las emociones de acuerdo con tipos condicionados por el ambiente que constituye la base de los sentimientos; y en un marco más amplio, transmite estructuras de conducta y de representación cuyo desempeño desborda los límites de la conciencia.

Más interesante todavía es una observación de Lacan que compete directamente a la estructura familiar de Vargas Llosa: “Otra semejanza, absolutamente contingente, se observa en el hecho de que los miembros normales de la familia, tal como se la observa en la actualidad en Occidente, el padre, la madre y los hijos, son los mismos que los de la familia biológica”.

Esta observación compete en tanto que para la familia Llosa Maldonado a mediados de la década de los treinta esta semejanza no se cumple: el hogar donde nace el futuro escritor muestra alguna diferencias, que el biógrafo debe constatar.

(Continuará)

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Introducción

Ortega y Gasset, en una conferencia que diera en 1942 con motivo del aniversario de nacimiento de Juan Luis Vives, afirmaba que las generaciones históricas se suceden cada quince años y que por esta razón cada quince años cambia la historia. Así, pues, una persona estaría sujeta al influjo de, por lo menos, dos generaciones hasta convertirse, a su vez, en generación influyente, o en contestaria a las anteriores. No hay duda que, como todo proceso dentro de la historia, las relaciones entre las generaciones, a las que alude el filósofo español, no sean unívocas en el tiempo ni funcionen de modo causa-efecto en un determinado momento histórico. La historiografía literaria ha mostrado que, muchas veces, se dan saltos de modo que, por ejemplo, resulta que un poeta como Góngora, a caballo entre los siglos XVI y XVII, se convierte en influencia y estandarte de un grupo de poetas del siglo XX, la llamada generación del 27.

La constatación de que el Zeitgeist Hegeliano, espíritu de época, no logra explicar del todo las actitudes intelectuales de las protagonistas singulares de cada período histórico, provocó que buena parte de la crítica literaria se abocara al estudio inmanente de las obras, olvidando y en muchos casos negando la existencia del autor. Los autores, y sus vidas se convirtieron más bien en pasto del llamado periodismo literario y, entre los críticos y estudios universitarios, no se les concedió mayor importancia que como anécdota de sobremesa en congresos literarios.

Atribuirle la etiqueta de género literario a la Biografía es un arma de doble filo: por un lado se le otorga un status de creación artística autónoma, por otro lado, al hablar de la Biografía como creación artística. literaria, tácitamente se la impugna como labora científica por falta de objetividad. Los críticos quizá, no sin mala fe preguntan: ¿qué importancia puede tener dónde vivía el creador cuando concibió su obra? Y sin embargo, sabemos que el autor es un sujeto situado en coordenadas espacio-temporales de carácter histórico bien definidas: vivir en La Habana de fines de los cincuentas y comienzos de los sesenta no es lo mismo que vivir el París del 1968, ni tampoco París, ese mismo año, es lo mismo que Berkeley, en Estados Unidos, o que Praga, la ese entonces Checoslovaquia. Las preocupaciones, los actores y los conflictos son diferentes. Incluso, en el caso que la vida transcurra sin sobresaltos políticos, haber tenido por vecino y ser amigo de Norman Mailer, en Nueva York, tiene que haber sido muy diferente que vivir a la vuelta de la casa de Sartre y haber estado relacionado con él, en París.

Con todo, en este trabajo agrego un adjetivo a la palabra biografía para evitar entrar en la clásica pólemica pro, o, contra Sainte-Beuve. Una Biografía Intelectual la concibo más bien como un trabajo de micro-historia en la cual el sujeto biografiado es la puerta de entrada para conocer una época: una generación diría Ortega y Gasset. La vida del artista, del creador, se la observa como ejemplar. Pero como bien diferencia Octavio Paz, ejemplar no en el sentido didáctico de la palabra, en el sentido de “acción notable”, como cuando decimos: ejemplar único y paradigmático.

En este trabajo recorro las circunstancias culturales en las que se desarrolla el sujeto intelectual Vargas Llosa, analizo el caldo de cultivo en el que recibe su primera formación y que se sitúa en el período de que va de los años cuarenta a los sesenta, en el Perú. Trato de reconstruir el ambiente sino literario, por lo menos cultural, que ofrecía la Lima de los años cincuenta: los mecanismos de producción y promoción cultural, la circulación de determinadas obras literarias, la recepción de la literatura extranjera.

En una segunda instancia trato de acompañarlo en su itinerario de escritor, por así decirlo, paso a paso. Es éste un intento de intelegir la obra del autor, comparando la poética y la teoría de la novela, enunciada expresamente por él mismo por ejemplo en Gabriel García Márquez, Historia de un Deicidio, con la que emana de la obra misma. Así mismo trataré de mostrar el Stellenwert, el valor posicional, de cada obra en el conjunto de la obra de Vargas Llosa.

En la década de los noventa la actividad política de Vargas Llosa pareció ganar terreno frente a su actividad literaria. Su candidatura a la presidencia, la campaña electoral hicieron pensar que —como ha sucedido en otros casos— el escritor había sucumbido a las luces de la política. Y sin embargo en los últimos años su actividad creadora ha recobrado su acostumbrada regularidad.

En fin para decirlo con palabras de Ortega y Gasset: de cómo se concretiza en la realidad este juego de interrelación generacional e histórica para el caso de un escritor, trata este ensayo.

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