Archivo diario: 9 agosto, 2008

Capítulo VI: El padre o la fotografía de un fantasma

Don Carlos, ahora, tiene siete hijos y es viudo. Pero aún le brillan intensamente los ojos cuando me pregunta: —¿Ha entrevistado también a Dorita en Lima?.
Sí, la he visto —¿Cómo conoció Dora a Ernesto?—Ernesto Vargas Maldonado. Me imagino que lo conoceriía en alguna de esas fiestas que organizaban siempre y a las que Dorita solía asistir.

No. Don Carlos se equivoca. O no sabía todavía lo que ahora se sabe desde la publicación de El pez en el agua, las memorias de Vargas Llosa. Dorita tenía diecinueve años. Había ido a Tacna acompañando a doña Carmen —que era tacneña— desde Arequipa, para asistir al matrimonio de algún pariente aquel 10 de marzo de 1934, cuando en lo que debía ser un precario y recientísimo aeropuerto de esa pequeña ciudad de provincia, alguien le presentó al encargado de Panamerican: Ernesto J. Vargas. Se conocieron, se enamoraron, y en un algún viaje de Ernesto a Arequipa se hicieron novios formalmente y vivieron un romance, más bien, epistolar. Lo que también indica algo del carácter decimonónico —de heroína de novela— de Dorita. Se casaron el 4 de Junio de 1935, en esa casa donde vivían los abuelos, y en la que habría de nacer meses más tarde Mario.

Ernest J. Vargas Maldonado (foto sitio oficial )

—Era empleado de la línea aérea Panagra —digo incitándolo a continuar.
—Era muy celoso, y se daba muchas ínfulas. Pero no recuerdo si volaba. Ni siquiera trabajaba en Arequipa, sino en Lima. Allá se fueron a vivir cuando se casaron.

No. no volaba. Volar en esos tiempos era una empresa muy arriesgada y cara. Lo hacía sólo la gente con mucho dinero. Era el tiempo de la hazaña de Charles Lindbergh. Y en el Perú todas las tripulaciones de los Douglas DC-3 de la Panagra eran americanas. En los periódicos de la época se puede leer que la partida de y la llegada de los aviones eran anunciadas como acontecimientos —ocurrían en un descampado que ahora es el hipódromo— y los pasajeros se convertían en verdaderas celebridades. Sí, una actividad ligada a la aviación debía deparar mucho prestigio. Ernesto Vargas Maldonado era operador de radio de la Panagra. Aunque si curiosamente, todos los vuelos de la época llevaban a bordo un operador de radio, Ernesto formaba parte del personal de tierra. Llevaba uniforme azul en invierno y blanco en verano como los tripulantes. El uniforme y sus modales seguros de capitalino debieron impresionar a la joven provincina de 20 años: un simple oficinista de gobierno no podía ser rival a su lado.

He visto una sola fotografía de Ernesto Vargas. En Lima, es del año 1935. Un desvencijado álbum de cuero con ribetes dorados alberga fotografías añosas que el tiempo está volviendo irreconocibles. Está con Dora: en la foto en sepia no se distingue el uniforme azul de invierno: se le ve alto, moreno. Tiene un parecido irrecusable con el hijo que ya ha engendrado y que no conocerá sino hasta dentro de 10 años.

Continuará



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